Archivo para noviembre, 2009

La paciencia de las pesadillas

Posted in Me duele Palestina with tags , , , , , on 27 noviembre, 2009 by Tico

In dubio pro occidendo

(Ante la duda ¡mata!)

Corría el verano del año de 1209 cuando las tropas de Arnaud Amalric, general de la Orden de Citeaux, pusieron sitio a la ciudad francesa de Breziers en su cruzada católica de exterminio contra los practicantes de la religión cátara. El obispo había ordenado a Amalric que pasara por las armas a doscientos veinte herejes que, según le constaba, vivían en la ciudad.

Cuando finalmente los soldados católicos irrumpen en Breziers encuentran tras las murallas a veinte mil asustados habitantes y se dirigen hacia su general para que les indique cómo distinguir a los doscientos veinte herejes entre el total de la población. Arnaud Amalric lo tiene claro:

Matadlos a todos; Dios ya reconocerá a los suyos.

Días más tarde escribiría al Papa:

Los nuestros, sin perdonar rango, sexo ni edad, han pasado por las armas a veinte mil personas. Tras una enorme matanza de enemigos, toda la ciudad ha sido saqueada y quemada: la venganza de Dios ha sido admirable”.

Ocho siglos justos han transcurrido desde entonces; ocho siglos durante los cuales se han conquistado continentes, se han detonado bombas atómicas, se ha pisado a la luna y las gentes se hablan con toda naturalidad a miles de kilómetros de distancia.

Pero poco o nada ha cambiado.

Nos lo recuerda un grupo de veintiséis soldados israelíes que, asqueados de sí mismos, de su ejército y de su gobierno, han decidido romper el silencio (que así se llama el documento que han firmado y hecho público) para denunciar los brutales crímenes que se sucedieron en la franja de Gaza el pasado invierno durante la operación Plomo Fundido en la que pereció un millar de civiles.

Les dejo algunos extractos:

Cita: Se impuso la ausencia total de reglas para el combate, lo que derivó en una libertad absoluta de muchos soldados para disparar a cualquier palestino, civil o no. Sin límites. No había límites. Todo el que hubiese respirando ahí era enemigo. Las órdenes en muchos casos fueron: “Entrad y disparad contra todo”.

Cita: Las normas eran: dispara si te apetece

Cita: No había que tener ninguna consideración hacia los civiles, disparábamos a todo el que viésemos. Se nos repetía que las consideraciones humanitarias no tenían cabida: ´No dejéis que la moralidad sea un problema. Dejad las pesadillas para luego y ahora simplemente disparad.

Cita: Toda esa destrucción, todo ese fuego contra inocentes (…) era simplemente increíble Las instrucciones eran claras: si tienes dudas, mata.

Cita: Mejor disparar a un inocente que dudar en dar en el blanco enemigo.

Cita: En una guerra urbana cualquiera es enemigo. No hay inocentes

Cita: Antes de entrar en cualquier casa, era normal lanzar misiles, fuego de tanques y metralletas, granadas y luego disparar según íbamos entrando

Y así más o menos continúa el resto del documento.

Finalmente, algunos militares destacan, sorprendidos, el papel del Rabinato Militar. Y en concreto del departamento “Conciencia Judía para un Ejército Israelí Ganador”, desde el que se inspiraba a las tropas con expresiones como: “No tengas compasión, Dios te protege y todo lo que haces está santificado“.

La verdad es que a estas alturas no sabemos si Dios será capaz de reconocer a alguna de sus criaturas. Lo que sí podríamos afirmar es lo difícil que resulta reconocer a Dios en algunos lugares. Desde Breizers a Gaza, ocho siglos después, gentes con un arma en la mano, un vacío en el corazón y ninguna duda en la cabeza.

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Ángeles con caras sucias

Posted in Uncategorized on 24 noviembre, 2009 by Tico

Los niños hallan el todo en la nada
Y los hombres la nada en el todo

Tal día como hoy, hace cerca de medio siglo, se instituyó el Día Mundial del Niño. Y yo venía, paciente lector, a proponerle un pequeño ejercicio de sinceridad. Digamos algo así como la prueba del algodón para su limpieza ética.
En este ejercicio que yo le propongo se trata de hacer como en aquel relato de Zaki Eila, cuando una mujer palestina es llevada por los soldados israelíes antes un montón informe de cadáveres de niños para que identificara a su hijo y aquella responde: Todos son mis hijos.

Vamos a intentarlo, mi tolerante lector; haga como si todos los niños del mundo fueran sus hijos al menos mientras termina de leer estas líneas. No tema al vértigo, tampoco es para tanto. Al fin y al cabo, cuatro millones de niños mueren cada año antes de cumplir un mes de vida; y otros siete millones lo harán sin soplar la velita de su primer cumpleaños. ¿Que aún así siguen siendo muchos y no dispone de espacio suficiente para alojarlos? Tampoco es excusa: otros cien millones de niños viven en las calles y los campos, sin más techo que las estrellas ni más cama que el suelo del que, intuyen, pronto van a formar parte. Despreocúpese igualmente porque reciban una educación (ciento treinta millones de ellos jamás pisarán una escuela) o cuidados médicos (el pediatra es un ser mitológico del que jamás oyeron hablar el 99% de esos niños que acaba de adoptar). Y no sólo eso, sino que casi la cuarta parte de ellos son autosuficientes – podrán trabajar desde que se sostengan de pie, en minas, plantaciones, talleres de costura, burdeles – e incluso a sesenta millones de ellos no tendrá que verles jamás el pelo porque al no estar censados siquiera, no existen; son los no tan famosos niños invisibles.

Veo que comienza a impacientarse conmigo. Quizás en estos momentos se esté preguntando molesto, y con razón, a dónde quiero llegar; qué relación puede tener usted con una niña sudasiática o caribeña violada por un pervertido, bronceado y sonriente turista occidental. ¿Dejamos a un lado que la miseria que empuja a esa niña hasta un sucio camastro es tan criminal como el turista que la viola?. Pero si lo quiere más claro hagamos ahora como los tres espíritus con el señor Scrooge y demos una vuelta por ahí; no suelte mi mano, encaje los dientes y vamos allá. ¿Ve aquel niño de piel aceitunada que tiene el tobillo amarrado a un banco de trabajo en ese sótano? ¿Qué es lo que está cosiendo? ¿No se parece a las zapatillas de deporte con las que baja usted a comprar el periódico los domingos por la mañana? ¿Y ese otro niño de piel oscura cubierto de tierra y fango que se cuela a golpe de látigo por una grieta de esa mina congoleña? ¿Acaso está extrayendo el oro de su anillo de bodas, el diamante que luce en la oreja de su mujer, o el coltán de la videoconsola de su hijo? ¿Y esa otra niña de pelo rizado? Sí, esa medio asfixiada por los pesticidas que se dobla bajo el peso del enorme saco de semillas que carga a la espalda por una plantación de Costa de Marfil. ¿No huelen esas semillas igual que las marcas de cacao que le deja su hija sobre la cara al besarle cada mañana antes de ir al colegio?

Al final va a resultar que cuando Chesterton decía eso de “Lo maravilloso de la infancia es que cualquier cosa en ella es maravillosa” debía estar refiriéndose únicamente a sus propios hijos. Y usted, mi querido lector – aunque nunca me haya leído, aunque jamás me vaya a leer y aunque no sea usted, realmente, querido – debería andar planteándose qué ocurre con todos estos ángeles. Quizás se niegue a reconocer que los hemos desplumado, que los estamos desplumando a cada instante, para rellenar almohadones de plumas – de plumas de ángel – donde reposar más cómodamente nuestros occidentales y orondos traseros.

Ahora no puede dejarme sólo, ya casi hemos terminado. Sólo nos falta buscar a cualquiera de esos cien millones de niños que viven en la calle y mirarle a los ojos. ¿Se atreve usted?
Tendría cara de ángel si no la tuviera tan sucia ¿verdad? ¿Por qué desvía la mirada? ¿Qué es lo que ve? ¿Se pregunta por qué tiene la cara tan sucia?
Mírese usted las manos.

Y si se siente injustamente zarandeado por estas líneas, si el sufrimiento ajeno no le deja indiferente y está dispuesto al compromiso con los desposeídos, si piensa que cualquier niño del planeta pudiera ser hijo suyo, si quiere saber dónde hallar la solución, acepte mis disculpas y también un consejo que le gritan silenciosamente la niña de Ayod, Iqbal Mashi, Anna Frank o cualquier niño palestino o tucumano:  mírese las manos.

 

Sólo cuando lo merezco

Posted in Sexismo with tags , , , on 8 noviembre, 2009 by Tico

¿Conciencia de género?

En un juzgado de lo penal de cierta ciudad española se desarrollaba la causa contra un hombre acusado de malos tratos a su esposa. La víctima alegó en defensa de su marido argumentando que (sic) No soy una mujer maltratada, mi marido me pega sólo lo justo, sólo cuando me lo merezco.
Aún lo recuerdo con cierto estupor, y no sin sentir escalofríos. Pero hoy he leído algo que me ha quitado el estupor y me ha incrementado los escalofríos.

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) acaba de publicar un informe –Progresos para la infancia– en el cual se refleja una encuesta realizada entre mujeres de 15 a 50 años de unos 70 países empobrecidos. En dicha encuesta, el 60% de las mujeres considera justificadas las agresiones físicas que sufren por parte de sus maridos. Sin distinción de edades, comparten la convicción de la superioridad masculina y asumen que pueden recibir castigos físicos por parte de sus compañeros si estos se sienten agraviados por el mal comportamiento de ellas.
¿Razones?
Para el 50% de las africanas y el 30% de las asiáticas, el “no preocuparse lo suficiente por el cuidado de los hijos” es motivo más que sobrado para recibir una paliza. Las demás justificaciones que esgrimen son, por orden: “discutir”, “salir de casa sin avisar”, “que se queme la comida” o “negarse a mantener relaciones sexuales”.
Seguro que ahora mismo están pensando ustedes lo mismo que yo: una mujer golpeada por su marido debería “salir de casa sin avisar” pero para siempre. Ahí es donde vamos a poner el sentido de estas líneas: huir de casa para ir… ¿a dónde?.

El 60% de las niñas menores de 15 años en Malí, Níger, Chad, Bangladesh, Guinea y República Centroafricana están casadas. Un porcentaje que, punto arriba punto abajo, se repite en la mayoría de los países empobrecidos. Generalmente antes de los 18 ya tienen uno o varios hijos a su cargo. Por consiguiente sus posibilidades de formación académica o profesional son mínimas o inexistentes. Lo tienen francamente difícil para encontrar un empleo. A ese obstáculo a una posible emancipación económica del maltratador sumémosle el obstáculo jurídico que impone la legislación fundamentalista de muchos de estos países. Abandonar al marido, en aquellos lugares, donde no equivale a ser muerta a pedradas, equivale a abandonar forzosamente a los hijos.

Violencia sexista y países empobrecidos, pues. ¿Debemos pensar que existe una relación causa-efecto entre machismo y pobreza? A tenor del machismo imperante en países enriquecidos como Japón, Italia o España, más bien debemos invertir el silogismo: el machismo no frena el desarrollo, pero el subdesarrollo económico sí potencia el machismo.

Porque si esas mujeres hubieran tenido la oportunidad de recibir una formación académica adecuada que les ampliara sus horizontes sociales y éticos, no se considerarían merecedoras de castigos físicos por motivo alguno.
Porque si esas mujeres hubieran tenido la oportunidad de recibir una formación profesional adecuada para poder acceder al mercado de trabajo con garantías de emanciparse económicamente del marido, podrían abandonar el hogar familiar con sus hijos al menor maltrato.
Sin embargo no es así; y esas mujeres siguen creyendo merecer palizas cuando sacan tibiamente los pies del rol de ama de casa, esposa y madre, para asomarse al rol de ciudadana. Y cuando se lapida a una mujer, hay decenas de mujeres en primera fila piedra en mano. Y para rebanarle el clítoris a una niña su propia madre la lleva de la manita hacia la mutilación.
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Entonces, puede uno preguntarse ¿Qué género de conciencia es la conciencia de género?
La relación entre el maltratador y su víctima, mucho más allá de ser una relación de poder meramente físico, es una relación de poder económico y cultural. Esposa, madre y ama de casa, sin acceso al mercado de trabajo, inmersa en una sociedad cultural y jurídicamente androcéntrica VS Marido que obtiene y controla los ingresos familiares y tiene a la sociedad y a la ley de su lado.
¿No les recuerda a algo?
No nos engañemos pues; la lucha de sexos es una manifestación más de la lucha de clases. La más cotidiana, quizás. Entre poderosos y oprimidas. Entre los que hacen las reglas y las que tienen que cumplirlas sin rechistar. Entre ricos y empobrecidas, doblemente explotadas.