Archivo para enero, 2010

Salvajes

Posted in Rambo´s way with tags , , , , , on 27 enero, 2010 by Tico

Si el Hombre es un lobo para el Hombre
Tampoco estarás a salvo junto a mí.

Hace algun tiempo todos los noticieros de televisión del mundo nos ofrecieron unas imágenes de Nairobi en las que un hombre era perseguido y abatido a machetazos en plena calle por una furiosa multitud. En los días que siguieron, cerca de un millar de personas corrieron igual suerte a causa de los disturbios ocasionados por las falseadas elecciones en las que salió reelegido el Presidente Mwai Kibaki, continuando con la hegemónica dictadura de la etnia kikuyu.
Una vez resuelta la cuestión de la legitimidad presidencia, el fantasma de Ruanda se fue desvaneciendo para alivio de todo el continente africano. Sin embargo es otro fantasma el que ahora nos ocupa, un espectro viejo, solapado y familiar entre quienes cuentan como principal mérito en la vida el de haber nacido blanco.

Contemplar las noticias de televisión desde la barra de un bar tiene el beneficio añadido de permitirnos conocer, por comentarios espontáneos, dirigidos a nadie en particular, el sentir y opinar del ciudadano medio. Es un sano ejercicio que les recomiendo si desean conocer el pensamiento representativo de las sociedad en que viven.
En el caso que nos ocupa, el término que más oí repetir fue el de “salvajes” y no de una forma indignada ni horrorizada, sino explicativa y despectiva. Muy despectiva.

Recuerdo que cuando era niño y miraba un mapa del continente africano me causaban impresión esas fronteras tan rectas y lineales, circunstancia que yo entonces achacaba a la perfecta organización y planificación de los Gobiernos Africanos entre sí. Más tarde supe que dichas fronteras habían sido trazadas y diseñadas desde lujosos despachos de Londres, París, Madrid o Lisboa. Y mucho más tarde aún, tuve conciencia de que cada vez que se trazaba una de esas líneas sobre un mapa, como quien corta un pastel para dividirlo, se estaba firmando la sentencia de muerte de millones de personas.

En efecto, antes del proceso colonizador europeo del siglo XIX, el continente africano era ajeno a otras fronteras que los accidentes geográficos y mal que bien convivían cientos de etnias diferentes sin mayor conflicto que alguna que otra escaramuza ocasional por el dominio de un territorio de caza. El complejo y ancestral entramado de alianzas entre tribus generaba una especie de Impasse que impedía agresiones masivas entre pueblos. La llegada de los europeos hizo saltar ese sistema en pedazos al separar por una frontera a tribus milenariamente aliadas y encerrar dentro de otra a tribus ancestralmente rivales. Ingleses, españoles, franceses o belgas subieron al poder a aquellas etnias más acordes a sus intereses, quedando el resto automáticamente sometidas a quienes antaño fueron sus más feroces enemigos.
Posteriormente, las potencias occidentales fueron cambiando a las etnias en el poder siguiendo intereses de mercado y directrices empresariales; cada uno de estos cambios en el poder acarreaba una consecuente e ignota matanza generada por la nueva tribu ahora gobernante y otrora oprimida.

Desde Ciudad del Cabo hasta Tánger, toda África se convirtió en un gigantesco tablero de ajedrez donde cada movimiento realizado por jugadores europeos se traducía en un inmediato baile de machetes.

Posiblemente los profetas del “Salvajismo” ignoren esto. Posiblemente, bondades de la memoria histórica selectiva, olviden lo que los blanquitos de pura raza aria hicieron en Alemania hace siete décadas (eso sí, de forma más planificada y organizada; no es lo mismo deshacerse limpiamente de tres millones de personas incinerándolas que matarlas a machetazos y dejarlas pudrir en las calles) o en los Balcanes hace unos años. Y olviden igualmente que el salvajismo puede ejercerse también descolgando un teléfono y hambreando a un pueblo o arrasando un país a miles de kilómetros de distancia.
Y es que mejor dejar los matices racistas a un lado a la hora de calificar atrocidades. Bajo pena de formar parte de ellas.

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Gotas de infancia palestina

Posted in Me duele Palestina with tags , , , on 19 enero, 2010 by Tico

-En la familia de acogida de  Rawah, una pequeña de 11 años procedente del campo de refugiados de Tulkaren, andan sorprendidos por el desagradable olor que sale de la maleta de la niña. Al abrirla descubren decenas de paquetitos con restos de comida (trozos de pizza, media chuleta, piezas de fruta…) recoletados por Rawah a lo largo de estas tres semanas en todos los lugares donde la han llevado a comer. Son para mis hermanitos… dice avergonzada a modo de disculpa.

– Estamos en la playa, la clase de natación se interrumpe cuando los pequeños salen del agua aterrados y se tiran bocabajo sobre la arena cubriéndose las cabezas con las manos. Ha pasado una avioneta en vuelo rasante con una pancarta de publicidad de una conocida marca de bronceadores.

– Adish escarba concentrado en su plato de comida. No es que sea un niño melindroso a la hora de comer, simplemente está buscando los gusanos. Adish tiene 12 años y pesa 26 kilos; sabe que una diarrea podría matarle y por ello le han enseñado a apartar los gusanos de la comida para no tragar ninguno.

– La pequeña Suad desmenuza una galleta dentro de un vaso de leche, y luego otra, y otra más hasta que forma una papilla que podrá comer a cucharadas. Eres una niña preciosa le digo en mi espantoso árabe, y su sonrisa conforma un oasis de palomas en la cafetería del campamento. Lo que en un principio tomé por dos encantadores hoyuelos que se le formaban en las mejillas cuando sonreía, son en realidad cortesía de un francotirador israelí. La bala le entró por un lado de la cara y le salió por el otro, llevándose de paso consigo media lengua y la mayoría de las muelas. Pero vista desde fuera su sonrisa es perfecta. Como el mundo.

– Los médicos advierten que no podrán vitaminar a los pequeños mientras no ganen un poco de peso, así que reciben un menú especial hipercalórico. Hoy en el comedor se han refugiado aparatosamente debajo de la larga mesa cuando un helicóptero del servicio de extinción de incendios forestales ha pasado sobre nuestras cabezas preñado de agua. Varias decenas de manitas y ojos aterrados me hacían señas desde debajo de la mesa para que me pusiera a cubierto junto a ellos.

– Camino de las cabañas siento una manita que me tira de la camisa. Levanto al pequeñísimo Ismael y me lo subo a hombros. Sé que ya no se me va a despegar en toda la mañana. Hace unos años un comando israelí asaltó su casa para detener al padre de Ismael, un conocido activista de Al-Fatah. No le encontraron en casa así que, para aprovechar el viaje, se llevaron detenida a la madre de Ismael, dejando a éste completamente solo en la granja. Tenía tres años. Una vecina le encontró seis días más tarde escondido en el establo: el pequeño había sobrevivido bebiendo el agua de las gallinas y comiendo excrementos de cabra. Ismael sufre violentos ataques de pánico si se queda solo aunque sea un instante.

– Sentado en uno de los bancos del recinto encuentro a un niño, esta vez español, que llora desconsoladamente y cuelga el teléfono móvil con una amargura que me lleva a preguntarle si puedo ayudarle en algo. La videoconsola portátil se le ha quedado sin batería y sus padres no vendrán a visitarle hasta el domingo para traerle el cargador. Oigo allá abajo los gritos y las risas de mis niños de arena. Llevan media tarde jugando con un par de globos llenos de agua. Pienso que hay víctimas y víctimas.

– Tawil discute indignado junto a sus compañeros mientras forman los dos equipos para jugar al fútbol. Del otoño pasado lo último que recuerda es a su madre llamándole a lo lejos para comer cuando el tanque israelí apareció desde la nada. Tawil tiene ahora un trozo de metralla alojado en la columna vertebral. Los médicos no se han atrevido a tocarle pero advierten que tarde o temprano habrá que hacerlo porque conforme el niño vaya creciendo la metralla se irá incrustando cada vez más hasta afectar a la médula y dejarle parapléjico. Pero en estos instantes su protesta es porque le ha tocado ser portero de su equipo. Y a él ese puesto le parece aburrido.

– ¿Puede haber algo peor que volver de la escuela y ponerte a buscar entre escombros el cuerpo de tu madre? La pequeña Jalifa piensa que sí: volver de la escuela, ponerte a buscar entre los escombros el cuerpo de tu madre y encontrar el cuerpo de tu padre a quien aún hacías privado de libertad en una lejana prisión israelí.

Son mis valientes niños de arena, con el alma enredada en alambres de espino y la sonrisa cabalgando a lomos de un trozo de pan. Con la cara sucia y las manos limpias.

Haya Paz… y la casa por el tejado.

Posted in Rambo´s way with tags , , , , on 12 enero, 2010 by Tico

Ubi solitudinem faciunt, pacem apellant

Y allí donde ellos crean la desolación, le llaman Paz. (Tácito)

Tradicionalmente se viene concibiendo la Paz como la ausencia de guerras. Parecemos estar conformes con aquello de que las guerras son algo abominable y, siguiendo ese silogismo tan evidente, nos llenamos la boca con la palabra PAZ y dibujamos palomas y arco-iris y nos sentimos eufóricamente hermanos.
La reflexión que yo os planteo es qué tipo de PAZ queremos. Más allá de una mera conceptualización del término,  un leve vistazo crítico nos revela que hay diferentes modelos de PAZ.

La mayoría habréis oído hablar de la munición “Parabellum”. Ese nombre viene del adagio latino “Si pax vult, para bellum” es decir “Si quieres la paz, prepara la guerra”. Y no parecían ir tan desencaminados si tenemos en cuenta que en la Historia Contemporánea el periodo más largo de paz (concebida ésta únicamente como ausencia de guerra) fue precisamente el de la carrera armamentística de la guerra fría.
Así que los romanos lo tenían claro y nos dejaron su concepto de Pax Romana, es decir, pueblos invadidos, esclavizados y sometidos. Y hubo paz.

Al hilo de las armas de fuego, nos llama la atención cómo Samuel Colt bautizó uno de sus revólveres como “Peacemaker” es decir, “pacificador” por aquello de que lo empleaba principalmente la caballería gringa para someter a los pueblos originarios. Y efectivamente, cuando no quedó un indio vivo ni libre, hubo paz.

Kant, por su parte, en su librito “Sobre la paz perpetua” nos dice que las guerras repugnan al espíritu del comercio y que, por lo tanto, es necesaria la paz. Si vemos que los cerca de 60 conflictos armados que vive el planeta en la actualidad tienen un origen mercantil y neoliberal deberíamos cuestionarnos la vigencia del pensamiento kantiano.

Maquiavelo, el eterno incomprendido, aconsejaba a su príncipe que “la paz sólo es deseable si es conveniente; y es conveniente si se es más débil que el potencial enemigo“. No deja de tener su lógica. Siempre que “el potencial enemigo” esté conforme, claro.

También Godoy, conocido como “El príncipe de la Paz” vendió a España a los franceses y permitió la ocupación y la opresión de su pueblo. En nombre de la paz.

El bueno de Gandhi nos decía que la paz era el camino y no la meta. Nos dejó su mensaje de resistencia pasiva y el mensaje se convirtió en una filosofía de pasividad conformista. Luther King afinó un poco más introduciendo otros elementos necesarios para la paz (la paz ya no era el camino sino una aspiración que precisaba que se dieran otros presupuestos como la igualdad y la libertad) y también se quedó en la cuneta del camino de la paz. Lennon imaginaba mundos etéreos y maravillosos; de ahí no pasó.

Hoy la paz es un negocio redondo como los agujeros de los balazos. En nombre de la paz se venden armas, se expropian países, se expolian recursos naturales, se exterminan pueblos, se quitan y se ponen gobiernos.


¿Es esa la PAZ que queremos, la paz por la que gritamos y trabajamos? ¿La PAZ de los oprimidos que no se atreven a alzar la voz, la PAZ de los conformistas de estómago agradecido, la PAZ de los cementerios, la PAZ que significa mantener las cosas tal y como están por injustas que sean?

Henry Kissinger advertía que “un pueblo hambriento rara vez será un pueblo pacífico“. ¿Quién puede exigirle a un hombre que acaba de enterrar a su familia muerta de hambre o aplastada por un bombardeo, que ponga la otra mejilla?

Yo no quiero esa PAZ. Creo que la injusticia, el hambre y la opresión son un precio demasiado alto por la paz, por una paz de paloma de papel de brillantes colores que nos deslumbran impidiéndonos ver las iniquidades que hay detrás. Una paz que no se basa en el convencimiento de la necesidad de vivir fraternalmente en el mismo barco, sino una paz tan frágil que se sostiene por el miedo de los oprimidos de una parte y por los intereses económicos de otra.

Gandhi nos enseñó el objetivo. Luther King los métodos. Lennon lo que vendría después si seguíamos esos pasos.
No queramos empezar la casa por el tejado; sólo si tiene unos cimientos sólidos de IGUALDAD, de JUSTICIA y de LIBERTAD, podremos coronarla con un tejado en el que pueda poner su nido la palomita de Picasso.

Hasta que nos toca… (contestando a la novia de un soldado español rumbo a Afganistán)

Posted in Chist-tema with tags , , , on 4 enero, 2010 by Tico

El pasado 2 de enero, una publicación digital de índole progresista se hacía eco de las líneas que una enamorada escribía a su novio, miles gloriosus del ejército español camino de tierras afganas.

La carta en cuestión (que pueden consultar aquí) debería hacernos reflexionar no ya sólo sobre el sinsentido de las guerras sino también, y muy especialmente, sobre la miopía moral e ideológica del ciudadano medio, auténtica legitimadora de “lejanas” injusticias y opresiones.
Así pues, les ruego que no malinterpreten el sentido de estas líneas que no pretenden juzgar a sus protagonistas sino a una serie de lugares comunes, enquistados en nuestra sociedad occidental, en virtud de los cuales el falso humanitarismo, la obediencia debida, la defensa de la libertad (de mercado) o el democratizar a lejanas y tembibles gentes justifican la invasión, masacre, ocupación y expolio de un pueblo.

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Estimada Ana, yo me voy a quedar con una frase tuya (sic) “Quién me iba a decir a mí que me iba a preocupar por lo que pasa en la otra punta del mundo“.

Quizás si te hubieras precupado un poco más de lo que le sucede al resto de la Humanidad hubieras descubierto la injusticia que subyace detrás de la invasión al pueblo afgano. Y hubieras descubierto que en muchos lugares del planeta cada día es 11-M. E igual te hubieras conmovido; e igual al sentimiento hubiera seguido la empatía con esas gentes oprimidas y un día te hubieras decidido sumar a cientos de miles de personas para salir a la calle y protestar por esa guerra. E igual, digo, ahora no tendrías que estar preocupada por tu novio.

Hay que tener dos cojones, dices, haciendo gala de un lenguaje carente del más mínimo sentido de género; allá también van muchas mujeres soldado. Cojones, u ovarios, los tienen quienes salen a faenar al mar, o a descender a una oscura mina, o a fregar unas escaleras y vuelven a casa con los bolsillos menos llenos que los de tu novio pero con las manos y el corazón mucho más limpios. Mancharse las manos con escamas de pescado, con lejía o con carbón es mucho más digno que manchárselas de sangre. Y no sirve lo de la obedicencia debida, mismo argumento esgrimido por oficiales de las SS, por los esbirros de Pinochet o por los pilotos de Videla.

soldados

Te sientes orgullosa porque tu novio dio un caramelo a un niño afgano y ni una sóla palabra dedicas al medio millar de niños y niñas afganos que han muerto bajo las bombas de las tropas de ocupación en lo que va de año, tropas de las que tu amado forma parte. Y por dinero.

Dices que en esas tierras no hay amor y yo te deseo de corazón que jamás tengas la oportunidad de poner a prueba el tuyo empujando una silla de ruedas coronada de flamantes medallas. Porque el sufrimiento ajeno parece menos injusto y menos sufrimiento… hasta que nos toca.

Un saludo.

Un mundo enfermo y saludable

Posted in Chist-tema with tags , , , , , on 3 enero, 2010 by Tico

“Mientras los invitados disfrutan de la fiesta encerrados en el castillo, la gente del pueblo continúa muriendo fuera, atacada por la enfermedad y sin ninguna ayuda.”

Como en el relato de Poe, la comunidad internacional celebra periódicamente su particular baile de disfraces: el Día Mundial de la Salud. Hay revuelos de batas blancas, se fijan objetivos, el oropel de las palabras flota en el aire y se levantan retóricos monumentos a la ciencia de los galenos. Dos convidados hay que miran hacia otro lado: la Organización Mundial de Salud prefiere no aguar la fiesta con sus estadísticas, frías, limpias y funcionales en las que cada número apunta a una muerte, a una invalidez o a un olvido. Las grandes industrias farmacéuticas, por su parte, miran hacia el techo y silban una tonadilla esperando el momento más idóneo para abandonar la fiesta sin que se note mucho. Seamos nosotros hoy, gente linda, quienes como en el relato de Allan Poe nos pongamos la máscara roja para señalar con el dedo. Los gobiernos occidentales invierten el 90% de sus recursos en I+D (investigación y desarrollo) para medicamentos que únicamente consume el 10% de la población mundial. Cada día aparecen, así, nuevos remedios contra la obesidad, el estrés, la impotencia, el colesterol, el tabaquismo, las jaquecas, el cáncer o las depresiones. Y es que, en este mundo extraño que nos toca vivir, ni siquiera las enfermedades son democráticas; cuanto menos sus soluciones. Consulte a su farmacéutico: si tiene usted acidez de estómago o sobrepeso, dispone de más de 50 tipos de medicamentos semejantes para combatirlo. Por otro lado, enfermedades “olvidadas” como la llamada “enfermedad del sueño” (tripanosomiasis humana africana), transmitida por la mosca tse-tsé, y que afecta a más de un millón de personas. O la leishmaniasis, conocida como kala-azar, que sufren unos 12 millones de personas. O el mal de Chagas, que mata cada año a 50.000 personas. En total, para no aburrirle, podemos resumir diciendo que estas y otras enfermedades atacan a 750 millones de personas, de las cuales medio millón morirán antes de que termine el año. ¿Un mal divino ante el que no quepa más que resignarse? No parece indicarlo así la OMS cuando señala que la mayoría de estas enfermedades podrían desterrarse del planeta en pocos años si se invirtiera un mínimo de recursos en el estudio e investigación de las mismas. Y ni se ha hecho, ni se está haciendo. ¿Por qué? Porque esos 750 millones de personas viven respectivamente en el África subsahariana, en el sudeste asiático y en latinoamérica, o, si lo prefiere, querido lector, porque son pobres. No son pacientes rentables y por lo tanto, al único desarrollo al que tienen derecho es al desarrollo de sus enfermedades. Todo lo que se invirtiera, pues, en investigar y tratar esas enfermedades únicamente valdría para salvar vidas pero no cuentas de resultados de accionistas. Enhorabuena, señor Malthus.

salud

En otro orden de cosas, el VIH sigue empeñado en desbaratar las optimistas previsiones de quienes redactaron los Objetivos del Milenio. Esta enfermedad se nos mostró como la más “democrática” al arrebatar la vida por igual a habitantes de países ricos como de países empobrecidos. Un análisis más detenido nos devolverá a la realidad de que en determinados países africanos o asiáticos, el SIDA afecta ya a un 85% de la población en una franja de edad comprendida entre los 16 y los 45 años. El caso más curioso, por lo que de infame tiene el comportamiento de los laboratorios farmacéuticos, es el de Sudáfrica. Allí el castigo del VIH es particularmente violento amenazando incluso con paralizar la economía del país en generaciones venideras. El gobierno sudafricano, consciente de ello, y con un inmenso sacrificio económico destinado a investigación, consiguió un medicamento retroviral cuyo precio, al ser de obtención más barata, podría estar al alcance de toda la población. Difícil será, ya que las industrias farmacéuticas paralizan la distribución de dicho medicamento a base de demandas judiciales sobre la patente del mismo. Y es que una cosa es ser desleal con la Humanidad, y otra es serlo con los intereses de mercado. El SIDA, sí, cuya detección en estos países es una mera hipótesis por falta de medios y cuyos síntomas por cierto son similares, en su fase terminal, a los de la desnutrición: esqueletismo, fiebres, diarreas, caída de uñas, cabello y dientes. Clásica es ya la discusión en el foro clínico sobre si, ante la ausencia de mecanismos adecuados de detección hay que achacar estas muertes al VIH o al Hambre; poco importa, ya que quien muere de una cosa, generalmente suele padecer de ambas. Y sólo se trata de una carrera demencial por determinar en qué epígrafe de los impresos estadísticos de la OMS debe ir anotado. Porque no me negará, gente linda, lo curioso que resulta el empeño de la comunidad internacional por dotar de cobertura sanitaria a la población mundial, mientras nos envenenan el aire, se fabrican y distribuyen cada vez más armas y la mayor parte de las personas no tienen acceso a agua potable o a un simple pedazo de pan.

El Hambre, en exceso o en defecto, ha dejado de ser un problema político y un problema humanitario para convertirse en una enfermedad propia del tiempo y la sociedad en que vivimos. Clínicas de adelgazamiento, gimnasios, milagrosos artefactos de venta por correo, operaciones de reducción de estómago o de extracción de grasas, todo vale. Porque todo sobra. Quien tiene dinero para comer de más, tiene dinero para comprar medicinas que lo solucionen. Y eso lo sé yo, lo sabe usted, querido lector, y lo sabe la industria farmacéutica. Al otro lado, volvemos a la paradoja: mientras en nuestras ciudades miles de adolescentes, empujados por los cánones que marca la televisión, rechazan la comida y se consumen ilusionados por perder peso, un poco más lejos otros adolescentes, empujados por nuestra avaricia y nuestra indiferencia occidental, suplican la comida y se consumen ilusionados por no perder la vida. Todos igualmente víctimas, no nos engañemos. Unos de la publicidad, otros de la Hambruna, esa vieja desdentada que afila su guadaña cada día, y la responsable de que las enfermedades se ceben especialmente de los cuerpos debilitados. Porque, puede uno concluir, la mejor medicina para la población mundial parece ser el pan y la ausencia de balas. Centrémonos en eso.