Calles limpias, corazones sucios.

El Ayuntamiento de Barcelona, y posteriormente el de Granada, van a sancionar con multas de hasta 1.500 euros a aquellas personas que mendiguen por la calle haciéndolo de forma “intrusista o agresiva”, a las prostitutas que se ofrezcan en la vía pública y a sus clientes, a quienes practiquen la venta ambulante en la vía pública de forma irregular o realicen cualquier actividad no reglada a cambio de una propina. Parece que a la burguesía catalana le molestan todos esos individuos que afean las calles con su mera existencia y han decidido excluirles a golpe de sanción administrativa.
Piénsese por un instante: el nigeriano que vende copias piratas del último CD de Shakira, la ucraniana que se caga de frío enseñando las piernas en algún descampado, el argelino que ofrece alfombras y pañuelos, el chino que pasea sus rosas entre las parejitas, la pitonisa que se ofrece a adivinar el futuro echando las cartas, la joven punk que toca su flauta en una esquina junto a un perrillo indolente, el peruano que ofrece coloridos chalecos de lana expuestos sobre el césped, el mimo que espera impávido una moneda para dar las gracias con movimientos robóticos, el anciano que ofrece pañuelos de papel en el semáforo a los conductores malhumorados, el pintor bohemio que hace retratos a los viandantes vanidosos, el paralítico que apostado a la puerta de la iglesia espera paciente a que las beatas salgan a descargar su turbia conciencia con tintineante calderilla…
Si uno se detiene a pensarlo, todos tienen dos cosas en común:
a) son pobres.
b) no votan.
Mala combinación, y en la tómbola del sistema neoliberal tienen todas las papeletas para quedarse fuera de juego.


Los Ayuntamientos de Barcelona y Granada, pues, han decidido que sobran; no dan buena imagen a la ciudad. Puedes hacer malabarismos en la bolsa de valores y arruinar a miles de familias, pero no puedes hacerlos en la calle y arrancar una sonrisa a un niño, porque puede que de mayor ese niño quiera ser malabarista, o mimo, o tocar la flauta en una esquina… ¿Y quién pagará entonces los impuestos? ¿Cómo financiaremos nuestras aventuras militares en los países empobrecidos? ¿Cómo pagaremos los coches oficiales, las inyecciones de liquidez a los bancos y las lucecitas de navidad?
Ya no es necesario gastar un céntimo en programas de inserción laboral, en talleres ocupacionales o formativos, en albergues y comedores sociales, en proyectos de inclusión, no; ya no será necesario plantearse dejar a un lado la hipocresía endémica de la sociedad española y entrar a fondo a regular un sector como el de la prostitución para dar unas condiciones dignas y seguras de trabajo a esas mujeres o alternativas serias y financiadas para las que quieran abandonar el oficio.
La nueva política social de nuestras ciudades será combatir la miseria castigando al miserable.

Además, desde un punto de vista legal, hay algo que a los juristas nos aterra: se llama “concepto jurídico indeterminado” y nos aterra porque suelen convertirse en un cajón de sastre donde cabe todo. En este caso, los conceptos indeterminados son “actitud agresiva o intrusista”.
Os voy a poner un ejemplo: tomamos una cerveza en la terraza de un bar y se nos acerca un individuo de aspecto inquietante;

– Hermano, tengo hambre ¿me das una moneda?

Ahora es cuando entra el juego el concepto jurídico indeterminado:

– ¿Qué quieres decir con eso de “hermano”? Yo no te conozco de nada y me llamas “hermano”.. ¿Insinúas que mi padre tuvo un hijo bastardo? ¿Estás llamando cornuda a mi madre? ¡Me insultas y encima me pides una moneda! ¿Y qué quieres decir con eso de que tienes hambre? ¿Que seguirás teniendo hambre si te niego una moneda? ¡Me estás extorsionando moralmente! ¡Señor policía! ¡Este sujeto está mendigando con “actitud agresiva”, sanciónele!

Y los propietarios de lujosas floristerías denunciarán a los orientales o andaluces que venden una rosa a las parejitas por los bares acusándoles de “intrusismo” profesional.

Un excelente logro el del Ayuntamiento de Barcelona y de Granada para conseguir el modelo de sociedad que demandan los honrados empresarios, esos que explotan a los chavales y chavalas con contratos basura y a los inmigrantes sin ningún tipo de contrato. Un excelente logro, sí señor; y de paso, por favor, señores ediles, no se cuestionen jamás que los mendigos lo son por vagos y las prostitutas (cuyos hijos, a veces, llegan a concejales) lo son por vicio.

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Una respuesta to “Calles limpias, corazones sucios.”

  1. Juan L Martín Says:

    ¿Qué tienen en común Granada y Barcelona? La mala leche se dispersa entre hienas de fondo azul. Asco gobernantes.

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