Shoot ‘Em all

Corría el año 1999 cuando el joven afroamericano Amadou Diallo regresaba a su hogar después de asistir a la escuela nocturna de un barrio obrero de Nueva York y fue requerido por una patrulla policial para que se identificara. Amadou echó mano a su cartera para sacar los documentos y recibió 41 disparos, lo cual dice mucho a favor de la puntería de los agentes y mucho en contra sobre el temple de sus nervios.
Y es que ser negro, pobre y estudiante nocturno puede resultar peligroso.
El incidente quizás hubiera quedado sin difundir de no ser porque Bruce Springsteen lo recogió en su famosa canción “American Skin (41 shoots)” lo cual le valió los calificativos de “montaña de basura” y “mariconazo” en la prensa de su país.

Al otro lado del planeta, la pequeña Imán Al-hamás se extravió en la niebla camino de su escuela en la localidad palestina de Rafah. Se encaminó a un puesto militar cercano para preguntar el camino correcto y un centenar de disparos fue la respuesta que obtuvo. Posteriormente un oficial israelí se acercó a la niña que agonizaba y le vació el cargador de un subfusil en el cuerpo. Y es que llevar material escolar a la espalda (que fue lo que resultó contener la mochila de la niña, lápices de colores y cuadernos) puede resultar peligroso en algunos sitios.

“Ande yo caliente y ríase la gente” debió ser lo que pensó el joven de origen brasileño Jean Charles de Meneze cuando salió camino de su trabajo como electricista en Londres más abrigado de lo normal en pleno verano. Siempre he dicho que el miedo me parece una motivación de lo más respetable para hacer muchas cosas, entre otras el salir corriendo cuando un grupo de hombres sin identificar se lanza en tu persecución gritándote. Y así lo hizo el pobre Jean, que, después de ser tirado al suelo por esos cuatro hombres (que resultaron ser policías) recibió cinco disparos en la cabeza. La policía británica tenía ordenes de disparar a la cabeza ante la menor sospecha. Parece que Scotland Yard ignora algo muy básico: si primero se dispara a la cabeza y después se pregunta, es francamente difícil que el preguntado conteste. Y no precisamente por maleducado.
Concluiremos afirmando que también es peligroso abrigarse más de lo normal en verano y correr por las escaleras del metro londinense aunque se llegue tarde al trabajo, especialmente si uno tiene aspecto de ciudadano árabe.

Tan peligroso como estudiar por la noche en un barrio obrero o llevar lápices de colores y cuadernos a la escuela. Nuestras calles están plagadas de peligros.
Afortunadamente los Gobiernos cuidan de que nada nos pase y para ello llenan nuestras calles de soldados o de policías debidamente armados, interceptan nuestros correos electrónicos y y escanean nuestras conversaciones de telefonía móvil.
Todo sea por nuestra seguridad

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