Archivo para mayo, 2012

Grita más fuerte, Kitty Genovese.

Posted in Chist-tema with tags , , on 5 mayo, 2012 by Tico

Hoy aprenderemos cómo se combate el insomnio en gringolandia, cómo las niñas heridas suelen volverse transparentes en las calles chinas, y cómo los ahorcados no siempre dicen adiós con la lengua.

¿Por qué diría Rafael Barret aquello de que una persona aislada puede ser valiente pero la multitud es cobarde por economía? Vamos allá.

Una fría noche de 1964, Catherine Susan Genovese, de 28 años, terminó su jornada laboral como camarera y regresaba a casa, en Queens. Aparcó su coche y se dirigió hacia la entrada del edificio de apartamentos donde residía cuando un vecino, que resultó ser asesino en serie, se abalanzó sobre ella y sin más la apuñaló varias veces en la espalda. Los gritos de Kitty apenas perturbaron la tranquila noche. Algunas luces se encendieron y volvieron a apagarse en las ventanas. Tan sólo cuando, desde una de ellas, un vecino increpó al agresor, este huyó dejando malherida a nuestra amiga. Pasaron 40 eternos minutos durante los cuales Kitty consiguió arrastrarse unos metros sin dejar de gritar pidiendo ayuda mientras se desangraba. Finalmente el agresor regresó, siguió el rastro de Kitty y, tras agredirla sexualmente, la remató en el suelo.

Investigaciones posteriores concluyeron que hasta 38 vecinos reconocieron haber escuchado los gritos de la joven e incluso haber presenciado la agresión desde la ventana. Sólo una vecina telefoneó a la policía. Otro explicó sin rubor que no quiso verse involucrado y comentó cómo su vecino subió el volumen de la radio para opacar los gritos de Kitty. Espero, de corazón, que no fuera precisamente el volumen de la radio lo que le impidiera dormir aquella noche.

Una mañana de verano de 1999, en el populoso barrio de El Perchel, en la andaluza ciudad de Málaga, numerosos vecinos y transeúntes comenzaban a congregarse frente al portal de una vivienda. A la entrada de la misma se balanceaba un joven de 19 años colgando por el cuello al extremo de una soga. El espectáculo se prolongó durante los 11 minutos que tardó en llegar la policía. Uno de los agentes, veterano, sujetó el cuerpo por las piernas para elevarlo mientras ordenaba a otro que cortara la cuerda. Tras comprobar que aún latía débilmente el pulso en la muñeca del frustrado suicida el policía no pudo evitar escupir al suelo y maldecir a toda la concurrencia, medio centenar de personas, por no haber descolgado antes al joven. Una niña de unos cinco años le expresó satisfecha su sospecha de que el chaval estaba vivo porque le había visto mover la lengua.

 Fueron unas imágenes que dieron la vuelta al mundo en octubre de 2011. Comienzan a cerrar las tiendas en una concurrida calle de Foshan, al sur de China, cuando una niña de 3 años cruza distraída la calzada y es golpeada y atropellada dos veces por una furgoneta que se da a la fuga. En los siguientes minutos, hasta 18 personas pasaron junto al maltrecho cuerpo de la pequeña, aún tirado sobre la calzada, sin dedicarle más que una mirada de soslayo hasta que finalmente es atropellada de nuevo por otro vehículo. Una mujer que barría la calle arrastró hasta la acera a la niña que, tras permanecer pocos días en coma, dejó un mundo que no parecía tener ya mucho que aportarle.

El caso de Kitty se vio posteriormente controvertido pero dio nombre a lo que la psicología y la sociología bautizaron como El síndrome de Kitty Genovesse, también conocido como “Efecto espectador”. Algo que, en resumidas cuentas, viene a recomendarnos que si nos ocurre algún suceso violento o traumático en la calle, mejor que ésta sea poco transitada. Es decir: cuanta más gente haya, menos probabilidades tenemos de que alguien nos ayude. Concretamente, si en vez de 2 personas hay presentes 17, las posibilidades de que alguna de ellas nos ayude se reduce a la mitad. Parece que se produce eso que se llama “difusión de la responsabilidad” efecto en virtud del cual cada persona que presencia a otra en apuros se sacude la obligación de ayudar argumentando mentalmente que ya lo hará algún otro de los presentes.

Pero es que, como les comentaba en otra ocasión, la ética puede ser tan elástica que a veces se vuelve invisible de puro estirarse. Decenas de lugares comunes y leyendas urbanas vienen a justificar y legitimar esta conducta. Así, un ciclista tirado en una cuneta de la carretera puede ser el cebo de una peligrosa banda de salteadores acechantes. El cuerpo inmóvil de un anciano tirado sobre la acera corresponderá a un borracho, mejor no acercarse. Los aterrorizados gritos de una mujer al otro lado de la pared son asunto exclusivo de la vida privada y doméstica del matrimonio vecino. Si un niño se está ahogando en la playa, mejor esperar mirando desde la orilla a que alguien que sepa nadar mejor se lance al agua porque, si no llegamos a tiempo, luego nos culparán a nosotros. No te metas en líos. No es tu problema. No te involucres. No te signifiques. Pasa de largo. Otra persona lo hará. Jurídicamente no se preocupen: la omisión del socorro debido sólo es delito si puede peligrar la vida de quien debe socorrer. Y peligros los hay por todas partes si le ponemos la suficiente imaginación.

Ya ven, puede que la cobardía y la indiferencia no tengan ética pero les sobra imaginación para inventar excusas . Y si no se les ocurre ninguna, siempre pueden subir el volumen de la radio.

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