Feel like a Ninja, Rajoy

Corría el año 2009 cuando el actual Presidente del Estado español, D. Mariano Rajoy, dando un mitin en la localidad sevillana de Dos Hermanas, hizo subir a un niño de nueve años al escenario. Tras besar paternalmente al pequeño advirtió con gesto apocalíptico que “Le van a subir el IVA de los chuches a este niño“. Presumimos que tres años después ese niño seguirá consumiendo gominolas, caramelos y barritas de regaliz. Presumimos también que a sus doce años poco debe importarle la salvaje subida del IVA que acaba de imponer su besucón amigo ya que se trataba del niño de Zoido, actual presidente de los peperos andaluces. Presumimos que le seguirá alcanzando el presupuesto para chuches. Y para medicinas. Y para libros de texto. Es lo que tiene la derecha: cuando gobierna siempre adopta medidas pensando en su propio ombligo. Barrer para adentro o arrimar el ascua a la sardina, como prefieran.

Reyes hacen leyes, dicen, pero Mariano I de España y XII de Europa no ha tenido en cuenta algo que puede hacer tambalear su corona de oropel: las pelusas de ese ombligo del que antes hablábamos. Taxistas, peluqueras, amas de casa, jubilados, pequeños comerciantes, guardias jurados, cocineras y toda una pléyade de curritos que asumieron la cosmogonía derechosa como propia y ahora se ven de repente cerrando su negocio o firmando un famélico finiquito, con los muebles de casa sobre la acera de la calle y la cuenta en números rojos. Ya no se trata de los revoltosos irredentos de siempre. Al gobierno del PP le están creciendo hasta sus propios enanos ideológicos. Quienes votaron al mismo partido que los ricos para al menos tener eso en común con ellos. Pero quien con ricos se acuesta, empobrecido se levanta.

El funcionariado tira histérico de calculadora para cuadrar el año con una paga menos. La diabética se pregunta si es mejor dejar directamente de comer antes que pagar la insulina. Un obrero de la construcción de Cádiz ofrece su riñón en internet a cambio de un trabajo. Y el mismo miedo que llevó a Rajoy al poder es el que está sacando a las calles a la gente que le votó. Cabreada, muy cabreada. “Rajoy… Mariano… No pasas del verano” gritan en las plazas mientras las redes sociales se llenan de imágenes de guillotinas. Y Mariano, el mismo Mariano que acaba de decir en un congreso de su partido en Granada que “No tenemos nada de lo que avergonzarnos” llegó a ese congreso de improviso, un día antes, sin avisar, en el más completo secretismo, para que el pueblo no tuviera ocasión de organizarse y darle una calurosa bienvenida. Y ese mismo Mariano abandona el Parlamento por la puerta de atrás para evitar a la gente que se concentra, esperándole, en la puerta delantera.  Rajoy se oculta, aparece desde la nada, ataca con brutalidad y vuelve a ocultarse. Y, cada vez que lo hace, cientos de miles de españoles se ven de repente en la miseria sin entender qué ha pasado.

Feel like a ninja, Mariano. Después de todo, resulta lógico que no se avergüence; para eso se requiere tener un mínimo de vergüenza.

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Una respuesta to “Feel like a Ninja, Rajoy”

  1. Juan L Martín Says:

    En declive, en decadencia: Estado, iglesia, partidos políticos, poder judicial, la corona, el sistema financiero, medios de comunicación. Desconfianza, abstención, desapego, el voto de la izquierda tiene buena memoria por los bandazos de sus dirigentes políticos y sus políticas, no así los votos de la derecha. Vendieron el cambio y solo trajeron humo y recortes no solo económicos. Los votantes de derechas votan su ideología aunque le vendan humo, le engañen o les ninguneen, ellos son la burguesía, y gran parte de la clase media y parte de la clase obrera confundida por el acceso a un consumo desproporcionado que le endeuda para toda la vida. Cómo se puede votar a un partido que sabes que miente, y al que se le acaban los argumentos o no los tenía como se evidencia en sus políticas, quizás por la inoperancia del otro y el miedo a lo que está fuera de su ideología. La ciudadanía parece que no castiga al mal político, al mediocre, al inoperante o al corrupto, la política está llena de ellos; se protegen unos otros aunque sus argumentos no coincidan, una forma de no perder poder en el seno del partido, en su manejo o en la vida política. La derecha vendió el cambio, una expectativa, un espejismo, una entelequia, una falacia, hubo quien les creyó y en pocos meses han desmontado muchos años de lucha, trabajo y esfuerzo de generaciones anteriores. Episodios de ineficacia y de complicidad política, casos como Bankya , trama Gürtel o el indulto a políticos y cargos corruptos, no hacen más que agravar la profunda crisis de responsabilidad de las élites privilegiadas: políticos y altos cargos de la administración, contaminados por esta cultura deshonesta que nos hacen que vivamos entre el aturdimiento, la indignación, la rabia, la cólera y en otros casos la indiferencia. Líderes políticos naturales, dignos, honestos; que no sean controlados como objetos que se cambian a dedo, que no controlen partidos políticos como objetos de deseos, impidiendo la voluntad popular: esto es mío, me lo he ganado a pulso y si yo me hundo el barco se hunde conmigo. Que vienen las izquierdas, el populismo, como un hipotético peligro de futuro, ese es el grito de la derecha, de los que están instalados a sus anchas desde hace demasiado tiempo.
    Juan L Martín.

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