Archivo para Palestina

Cero coma cuatro

Posted in Chist-tema, Me duele Palestina, Rambo´s way with tags , , , , on 15 julio, 2014 by Tico

A veces me sigo sorprendiendo por conservar una ingenuidad que ya hacía enterrada bajo toneladas de cicatrices, desengaños y zancadillas. El escepticismo puede resultar un cómodo almohadón desde el que contemplar el mundo sin riesgo a sufrir decepciones pero corres el riesgo de dormirte y tener pesadillas en las cuales la humanidad no merece la pena, olvidando que uno mismo forma parte de ella.

Eran las 21:00 horas del día 13 de Julio de 2014 y estaba a punto de comenzar la final del Mundial de Fútbol enfrentándose los equipos de Alemania y Argentina. Creo que sabrán de mi, digamos, aversión por este deporte pero los rumores extendidos en las redes sociales me indujeron a esperar el inicio del partido con cierta curiosidad y, de acuerdo, lo confieso, un resquicio de confianza. Comentaban que ambos equipos iban a negarse a jugar si no se producía una tregua entre Israel y Palestina. Es decir, si el sionismo no dejaba de masacrar al Pueblo palestino. Y es que, en ese mismo instante, cientos de hogares con familias aterradas en su interior, hospitales, escuelas, geriátricos y granjas palestinas se reflejaban en las coordenadas de los misiles y en las pantallas electrónicas de los bombarderos israelíes.

Era un rumor poco sostenible. La cuarta maquinaria militar más poderosa del planeta se había puesto en marcha días atrás para acelerar su continuo proceso de genocidio sobre la población palestina. Y no serían 11 millonarios alemanes con pantalón corto y un inmenso complejo histórico a que les llamen antisemitas quienes lo fueran a detener. Ni la FIFA con sus sionistas patrocinadores.

Pero no todo eran rumores. El Vaticano (ya saben, ese lugar donde se guardan riquezas suficientes como para alimentar de por vida a todas esas criaturas desnutridas por las que nos piden rezar) había pedido un minuto de silencio por la Paz. No como condena al genocidio que se estaba produciendo en esos momentos, sino por la Paz, que queda más bonito y no compromete tanto. Un minuto: menos tiempo del que tardan en sacar a un jugador para meter a otro. O para colocar a los jugadores ante una falta.

Ni siquiera hubo eso. Según los datos oficiales, el siniestro marcador de personas asesinadas en Palestina desde que comenzó el ataque israelí ascendía entonces a 147. La vida de una niña palestina, pues, se cotizaba a 0´4 segundos de silencio. Ni siquiera hubo eso, digo.

Y las lágrimas de la afición argentina al terminar el partido opacaron las que derramaban las madres palestinas contemplando desolaciones que antes eran hogares. Y charcos de sangre que antes eran balbuceos y risas. Los gritos de júbilo de la afición alemana sepultaron los gritos de miedo y dolor de algún adolescente palestino buscando a su familia bajo los escombros.

Me quedé con cara de tonto al no encontrar ningún gesto de solidaridad en la final de ese Mundial de fútbol. Pero ¿Saben qué? A veces una cara de tonto supone una pequeña victoria sobre quienes, salvajes y criminales, insisten con saña en hacernos creer que venimos de vuelta, que nada puede ya sorprendernos, que el mundo es malo y que cuanto antes nos demos cuenta de eso antes maduraremos. Dejen, por favor, que siga sorprendiéndome. Y desengañándome si es necesario. Déjenme que siga confiando, y creyendo, y amando. Y luchando por aquello en lo que creo. Mi decepción fue todo un gol a quienes quieren que me parezca a ellos.

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Gotas de infancia palestina

Posted in Me duele Palestina with tags , , , on 19 enero, 2010 by Tico

-En la familia de acogida de  Rawah, una pequeña de 11 años procedente del campo de refugiados de Tulkaren, andan sorprendidos por el desagradable olor que sale de la maleta de la niña. Al abrirla descubren decenas de paquetitos con restos de comida (trozos de pizza, media chuleta, piezas de fruta…) recoletados por Rawah a lo largo de estas tres semanas en todos los lugares donde la han llevado a comer. Son para mis hermanitos… dice avergonzada a modo de disculpa.

– Estamos en la playa, la clase de natación se interrumpe cuando los pequeños salen del agua aterrados y se tiran bocabajo sobre la arena cubriéndose las cabezas con las manos. Ha pasado una avioneta en vuelo rasante con una pancarta de publicidad de una conocida marca de bronceadores.

– Adish escarba concentrado en su plato de comida. No es que sea un niño melindroso a la hora de comer, simplemente está buscando los gusanos. Adish tiene 12 años y pesa 26 kilos; sabe que una diarrea podría matarle y por ello le han enseñado a apartar los gusanos de la comida para no tragar ninguno.

– La pequeña Suad desmenuza una galleta dentro de un vaso de leche, y luego otra, y otra más hasta que forma una papilla que podrá comer a cucharadas. Eres una niña preciosa le digo en mi espantoso árabe, y su sonrisa conforma un oasis de palomas en la cafetería del campamento. Lo que en un principio tomé por dos encantadores hoyuelos que se le formaban en las mejillas cuando sonreía, son en realidad cortesía de un francotirador israelí. La bala le entró por un lado de la cara y le salió por el otro, llevándose de paso consigo media lengua y la mayoría de las muelas. Pero vista desde fuera su sonrisa es perfecta. Como el mundo.

– Los médicos advierten que no podrán vitaminar a los pequeños mientras no ganen un poco de peso, así que reciben un menú especial hipercalórico. Hoy en el comedor se han refugiado aparatosamente debajo de la larga mesa cuando un helicóptero del servicio de extinción de incendios forestales ha pasado sobre nuestras cabezas preñado de agua. Varias decenas de manitas y ojos aterrados me hacían señas desde debajo de la mesa para que me pusiera a cubierto junto a ellos.

– Camino de las cabañas siento una manita que me tira de la camisa. Levanto al pequeñísimo Ismael y me lo subo a hombros. Sé que ya no se me va a despegar en toda la mañana. Hace unos años un comando israelí asaltó su casa para detener al padre de Ismael, un conocido activista de Al-Fatah. No le encontraron en casa así que, para aprovechar el viaje, se llevaron detenida a la madre de Ismael, dejando a éste completamente solo en la granja. Tenía tres años. Una vecina le encontró seis días más tarde escondido en el establo: el pequeño había sobrevivido bebiendo el agua de las gallinas y comiendo excrementos de cabra. Ismael sufre violentos ataques de pánico si se queda solo aunque sea un instante.

– Sentado en uno de los bancos del recinto encuentro a un niño, esta vez español, que llora desconsoladamente y cuelga el teléfono móvil con una amargura que me lleva a preguntarle si puedo ayudarle en algo. La videoconsola portátil se le ha quedado sin batería y sus padres no vendrán a visitarle hasta el domingo para traerle el cargador. Oigo allá abajo los gritos y las risas de mis niños de arena. Llevan media tarde jugando con un par de globos llenos de agua. Pienso que hay víctimas y víctimas.

– Tawil discute indignado junto a sus compañeros mientras forman los dos equipos para jugar al fútbol. Del otoño pasado lo último que recuerda es a su madre llamándole a lo lejos para comer cuando el tanque israelí apareció desde la nada. Tawil tiene ahora un trozo de metralla alojado en la columna vertebral. Los médicos no se han atrevido a tocarle pero advierten que tarde o temprano habrá que hacerlo porque conforme el niño vaya creciendo la metralla se irá incrustando cada vez más hasta afectar a la médula y dejarle parapléjico. Pero en estos instantes su protesta es porque le ha tocado ser portero de su equipo. Y a él ese puesto le parece aburrido.

– ¿Puede haber algo peor que volver de la escuela y ponerte a buscar entre escombros el cuerpo de tu madre? La pequeña Jalifa piensa que sí: volver de la escuela, ponerte a buscar entre los escombros el cuerpo de tu madre y encontrar el cuerpo de tu padre a quien aún hacías privado de libertad en una lejana prisión israelí.

Son mis valientes niños de arena, con el alma enredada en alambres de espino y la sonrisa cabalgando a lomos de un trozo de pan. Con la cara sucia y las manos limpias.

La paciencia de las pesadillas

Posted in Me duele Palestina with tags , , , , , on 27 noviembre, 2009 by Tico

In dubio pro occidendo

(Ante la duda ¡mata!)

Corría el verano del año de 1209 cuando las tropas de Arnaud Amalric, general de la Orden de Citeaux, pusieron sitio a la ciudad francesa de Breziers en su cruzada católica de exterminio contra los practicantes de la religión cátara. El obispo había ordenado a Amalric que pasara por las armas a doscientos veinte herejes que, según le constaba, vivían en la ciudad.

Cuando finalmente los soldados católicos irrumpen en Breziers encuentran tras las murallas a veinte mil asustados habitantes y se dirigen hacia su general para que les indique cómo distinguir a los doscientos veinte herejes entre el total de la población. Arnaud Amalric lo tiene claro:

Matadlos a todos; Dios ya reconocerá a los suyos.

Días más tarde escribiría al Papa:

Los nuestros, sin perdonar rango, sexo ni edad, han pasado por las armas a veinte mil personas. Tras una enorme matanza de enemigos, toda la ciudad ha sido saqueada y quemada: la venganza de Dios ha sido admirable”.

Ocho siglos justos han transcurrido desde entonces; ocho siglos durante los cuales se han conquistado continentes, se han detonado bombas atómicas, se ha pisado a la luna y las gentes se hablan con toda naturalidad a miles de kilómetros de distancia.

Pero poco o nada ha cambiado.

Nos lo recuerda un grupo de veintiséis soldados israelíes que, asqueados de sí mismos, de su ejército y de su gobierno, han decidido romper el silencio (que así se llama el documento que han firmado y hecho público) para denunciar los brutales crímenes que se sucedieron en la franja de Gaza el pasado invierno durante la operación Plomo Fundido en la que pereció un millar de civiles.

Les dejo algunos extractos:

Cita: Se impuso la ausencia total de reglas para el combate, lo que derivó en una libertad absoluta de muchos soldados para disparar a cualquier palestino, civil o no. Sin límites. No había límites. Todo el que hubiese respirando ahí era enemigo. Las órdenes en muchos casos fueron: “Entrad y disparad contra todo”.

Cita: Las normas eran: dispara si te apetece

Cita: No había que tener ninguna consideración hacia los civiles, disparábamos a todo el que viésemos. Se nos repetía que las consideraciones humanitarias no tenían cabida: ´No dejéis que la moralidad sea un problema. Dejad las pesadillas para luego y ahora simplemente disparad.

Cita: Toda esa destrucción, todo ese fuego contra inocentes (…) era simplemente increíble Las instrucciones eran claras: si tienes dudas, mata.

Cita: Mejor disparar a un inocente que dudar en dar en el blanco enemigo.

Cita: En una guerra urbana cualquiera es enemigo. No hay inocentes

Cita: Antes de entrar en cualquier casa, era normal lanzar misiles, fuego de tanques y metralletas, granadas y luego disparar según íbamos entrando

Y así más o menos continúa el resto del documento.

Finalmente, algunos militares destacan, sorprendidos, el papel del Rabinato Militar. Y en concreto del departamento “Conciencia Judía para un Ejército Israelí Ganador”, desde el que se inspiraba a las tropas con expresiones como: “No tengas compasión, Dios te protege y todo lo que haces está santificado“.

La verdad es que a estas alturas no sabemos si Dios será capaz de reconocer a alguna de sus criaturas. Lo que sí podríamos afirmar es lo difícil que resulta reconocer a Dios en algunos lugares. Desde Breizers a Gaza, ocho siglos después, gentes con un arma en la mano, un vacío en el corazón y ninguna duda en la cabeza.